Efecto Asch: Cómo la presión del grupo te llevó a traicionar tus propios principios

Actualizado: abr 14

Reconozcámoslo, tu mente ha muerto. Pero tranquilo, te aliviará saber que formas parte de ese 75% de individuos conformistas que prefirieron volarse los sesos desde primera hora en una ruleta rusa mental para pasar desapercibidos entre la masa. Hoy vamos a hablar de tu particular Síndrome de Solomon, el efecto Asch y cómo combatirlo, si te quedas hasta el final.


Efecto Asch: Cómo la presión del grupo te llevó a traicionar tus propios principios. Artículo publicado por Tito Vivali, 13 de abril de 2021

En los días que corren no puedo evitar comparar la sociedad que veo a mi alrededor con aquella sociedad tan derruida como sus instituciones representada en el film 'The book of Eli' de los hermanos Hughes. Son este tipo de escenas las que definen a la perfección cómo el Síndrome de Solomon, que debe su nombre a los experimentos sociales realizados por el Dr. Solomon Asch entre 1951 y 1955, acaba por condicionar a la inmensa mayoría a una realidad extremadamente carente de ideas propias, raíces, valores y principios solo por el simple hecho de "encajar".


El Dr. Asch definía la conformidad como el proceso por medio del cual los miembros de un grupo social cambian sus pensamientos, decisiones y comportamientos para encajar con la opinión de la mayoría. Sin saberlo, su experimento sentó las bases de esta sociedad decadente y macabra en la que estamos imbuidos hoy. Esta jaula de ratas en la que los pocos que se atreven a poner un pie delante de otro solo pueden correr en una rueda que nunca se moverá de sitio mientras el resto mira estupefacta y señala para intentar seguir encajando.


"La conformidad es el proceso por medio del cual los miembros de un grupo social cambian sus pensamientos, decisiones y comportamientos para encajar con la opinión de la mayoría". - Dr. Solomon Asch

- Los experimentos sociales del Doctor Asch


Todo comenzó después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los abusos cometidos por el régimen nazi salieron a la luz. Esto llevó a muchos investigadores y psicólogos a preguntarse cómo tantas personas pudieron participar en un sistema que infligía tal daño. Así pues, varias personas empezaron a estudiar el tema, incluido Solomon Asch, psicólogo de la Universidad de Pensilvania. Para analizar los mecanismos de la conformidad y la aceptación, Asch reunió a un grupo de estudiantes para una supuesta “prueba de percepción visual”. El ejercicio era muy simple: a la izquierda, los participantes tenían un cartel con una línea dibujada. A la derecha, otro cartel con tres líneas, una de las cuales era del mismo tamaño que la línea de la izquierda. Entonces, los estudiantes, uno por uno y en voz alta, tenían que identificar cuál de las tres líneas era del mismo tamaño que la de la izquierda.


A primera vista, no parece un ejercicio muy complicado, sobre todo porque las tres líneas son de tamaño tan diferente que la respuesta es obvia. Salvo que en cada grupo interrogado, solo uno de los participantes era el “sujeto” y todos los demás eran colaboradores cómplices del organizador. Cada grupo realizó el experimento 18 veces de forma consecutiva, y en 12 de ellas los cómplices dieron voluntariamente una respuesta equivocada. Al llegar el turno del sujeto, que respondía siempre en penúltimo lugar, este coincidía con la opinión de la mayoría en más del 70% de los casos, incluso cuando era evidente que la respuesta era errónea.


- ¿Por qué te dejas influenciar?


Para justificar sus decisiones equivocadas, los sujetos de los experimentos de Asch dieron tres razones principales:

  • La falta de confianza en sí mismos

  • El miedo a no formar parte de la “norma”

  • La convicción de que la respuesta de los demás era la correcta

Asch explicó el primer caso indicando que se trata de una “distorsión del juicio”. El sujeto se convence de que si todos dan una respuesta diferente a la suya, es él quien debe estar equivocado. Este fenómeno afecta sobre todo a las personas con poca confianza en sí mismas, que dudan de la fiabilidad de su propio juicio con más facilidad.


La conformidad de los “sujetos” también puede deberse al miedo a ser rechazados por el resto del grupo: las personas saben perfectamente que la mayoría está equivocada, pero prefieren concordar con ella antes que sentirse excluidos. En este caso, Asch indica que se trata de una “distorsión de la acción”. Este temor, aunque legítimo, proviene de un reflejo primitivo de supervivencia: en la prehistoria, el grupo era lo que garantizaba la supervivencia. Pertenecer a un grupo significaba poder cazar en equipo, lo cual multiplicaba las oportunidades de conseguir alimentos, protegerse mutuamente de los depredadores y perpetuar la especie. Aunque hoy en día ya no es necesario salir a cazar un jabalí en grupo, el miedo a la exclusión social es a veces tan grande que puede influir en las decisiones de un individuo. Este prefiere estar de acuerdo con los demás que correr el riesgo de ser marginado.


El último caso consiste en lo que Asch llama la “distorsión de la percepción”. En este caso, la influencia del grupo es tal que modifica la percepción de un individuo, que se convence de que la mayoría tiene la razón. Esta distorsión se puede observar en el interior del cerebro: en 2005, un grupo de investigadores de la Universidad de Medicina de Georgia realizaron un estudio en el cual observaban mediante una resonancia magnética el cerebro de los participantes cuando se les presentaba información errónea. Descubrieron que cuando la mayoría de las personas respalda una información errónea y un individuo se ve, por lo tanto, sometido a cierta presión social, su cerebro termina ajustándose al de los demás, por lo que la percepción final del sujeto es igual a la del resto.


- ¿Cómo se manifiesta este sesgo en tu día a día?


El efecto de conformidad en la sociedad está demostrando que actitudes aparentemente inofensivas como usar mascarilla de manera enfermiza hasta cuando vas solo en tu coche, repetir discursos que no se sostienen científicamente ni de base, tratar a todos a tu alrededor incluido las personas que amas como una amenaza potencial para la vida o acatar la subversión del lenguaje pervirtiendo el significado de cada palabra previamente imbuida en tu mente cuando hablas de "vacuna" y otras tantas cuestiones, son un grave problema hoy que ya ha traído y seguirá trayendo graves consecuencias para el futuro. Muchos acabaremos perdiendo a alguien por aceptar perdernos a nosotros mismos por miedo a no encajar. Otros perderán la vida sin saber cómo los asesinaron. Y sí, he elegido bien cada palabra.


La mayoría de nosotros implementamos procesos y aceptamos decisiones a diario con las que no estábamos de acuerdo solo por miedo a pronunciarnos cuando estábamos a tiempo. Fue así como empezó toda esta historia.


Es normal que a día de hoy estés quemado o aparentemente todo te de igual, lo llaman burnout, es esa brecha generada por la dicotomía constante y diaria entre tus acciones y tus principios, tus decisiones y tus convicciones, la consecuencia misma del doblepensamiento. Decía Orwell que, doblepensar, es el poder de mantener simultáneamente dos creencias contradictorias en la mente y aceptar ambas. Dudo que alguien pueda mantener ese poder durante mucho tiempo. El poder siempre tiene un coste, y siempre acaba exigiendo el sacrificio a cambio.


- Consejos para escapar de la conformidad y evitar el efecto Asch


Recuerdo aquella entrevista ante la presentación de la película "El Libro de Eli (The Book of Eli) en la que Denzel Washington dijo: "Caminamos por fe, no por vista". A día de hoy pienso que solo hacía referencia al personaje que él mismo encarnó, el cual encontró verdaderamente muy pocos aliados en su arduo camino de proteger con su vida lo que él consideraba importante. Eso sí, fueron los aliados correctos.

Caminamos por fe, no por vista". Denzel Washington, The Book of Eli

Si quieres empezar a andar este camino, prepárate para caminar solo en más ocasiones de las que te gustaría. Creer en tu propia opinión, en ti mismo y manifestarla, no solo te traerá indiferencia, también muchos más enemigos que amigos en una sociedad en donde la mayoría cree estar en lo cierto porque, en fin, la mayoría no puede estar equivocada. Por si fuera poco, una caterva de iluminados andan paseando sus diplomaturas y doctorados repitiendo una mentira tras otra, condicionados por los conflictos de intereses propios de su colectivo, en parte para alimentar su propio ego ante la masa inocente, aborregada y judaizada al más puro estilo de un führer de época cualquiera, en parte como cualquier otro enfermo mental más aquejado de su síndrome de Solomon particular.


Cuando todo el mundo miente decir la verdad, no es solo un acto de rebeldía, es un acto revolucionario. Comprendo tanta cobardía, comprendo que la situación nos venga grande a todos, pero no puedo hacer más que avergonzarme de la conformidad y la complicidad de la inmensa mayoría de las personas que nos rodean a diario.


"Caminamos por fe, no por vista" - Denzel Washington

Las siguientes técnicas sencillas te ayudarán a salir de tu Síndrome de Solomon particular y a combatir los sutiles sesgos del efecto Asch:


1. Hazte preguntas


Acostúmbrate a cuestionarte a ti mismo y a lo que percibes. Pregúntate por qué se hacen las cosas de cierta forma, si de verdad cada solución propuesta es la más adecuada, si esa medida en concreto es justa, oportuna y nos lleva al éxito al que todos aspiramos.


Poner en tela de juicio lo que el grupo presenta como la respuesta más obvia te permite distanciarte, desarrollar tu pensamiento crítico y no aceptar ciegamente decisiones con las que no sabes si estás del todo de acuerdo.


Cuando conviertes el acto de cuestionarte en un hábito, desarrollas tu propia creencia. Cuando tu creencia realmente esté basada en opiniones propias, créeme, vas a ser alguien mentalmente fuerte y muy difícil de derribar por la opinión de ningún grupo. A estas alturas puedo decir que cada una de mis fortalezas mentales surgieron por no haber perdido nunca ni la capacidad de superar, ni la capacidad de cuestionar.


2. Rompe moldes


Nunca te limites a hacer lo que se espera de ti. Deja de comportarte como un espejo repitiendo cada maldita cosa que los demás esperan escuchar, evita cada postura y cada gesto que ves en los demás para intentar parecerte a alguien. No existe nada más único e inigualable que Tú en el planeta. Deja de no estar a la altura.


Cuanto más te comportes como tú mismo más fácil te resultará acercarte a ti mismo y distanciarte psicológicamente de la masa. En definitiva te resultará mucho más fácil dar una opinión diferente a la del resto del grupo y no te importará tanto que otros se molesten, incluso cuando otros puedan sentir que puedes ser una amenaza para su sistema de creencias previamente implantado.


3. Propón alternativas


Lo importante no es solo mantenerse vivo, también lo es mantenerse humano. Tampoco podemos simplemente dejar de ser conformistas. Somos animales sociales y en algún punto siempre acabamos buscando un grupo que se convierta en nuestra familia. Por pequeño que sea este y aunque sea de forma temporal. Los que tenemos una personalidad sigma muy arraigada lo sabemos bien.


Unirnos a cualquier grupo nos hace resistentes a otros grupos y a "su" evidencia, por lo que a veces tendrás que aceptar cierto pensamiento dominante sobre los que puedes intentar influenciar propiciando el debate y ofreciendo alternativas a las decisiones del grupo. Si ves que las asociaciones que estableces con un grupo tienen el coste de corromperte, de perder la capacidad de pensar por ti mismo y racionalmente, siempre puedes proponer alternativas, pero en algún punto deberás aceptar que es mejor seguir tu propio camino y aceptar el suicidio colectivo de ese grupo que traicionarte a ti mismo y a tus principios. Y esto nos lleva a lo último.


4. Confía en tu propio criterio


Deja algo de espacio para pensar que tú también puedes estar equivocado pero cuando creas verdaderamente en algo no te dejes intimidar por la opinión de la mayoría. El hecho de que todos crean lo mismo no significa que su forma de pensar sea la adecuada.


Atreverte a oponerte a los demás es también atreverte a demostrar que eres diferente. Esto te será mucho más fácil si te convences de que tu opinión merece ser escuchada. Ten en cuenta que quizás otras personas compartan tu punto de vista, pero estén esperando a que alguien se exprese para aventurarse a decir lo que piensan. Pero incluso si el resto del grupo no concuerda contigo, no pasa nada: al menos tendrás la satisfacción de haber expresado tu opinión, que es digna de ser escuchada aunque no sea respaldada por los demás.


El efecto de conformidad es tan sutil que incide en numerosos procesos de toma de decisiones, y su influencia varía según la persona. Una persona segura de sí misma tenderá a adaptarse menos a la mayoría que una persona más insegura. En la época de las redes sociales y la cultura de la cancelación, ir en contra de la mayoría puede ser todavía más difícil, ya que las “sanciones sociales” a veces son importantes. Sin embargo, si tienes la sensación de que estás apoyando una decisión con la que no te sientes totalmente a gusto, es recomendable que te preguntes qué te hace actuar de tal forma. A veces, esa pregunta puede ser suficiente para darte cuenta de que el precio de atreverte a dar tu opinión es mucho más bajo que el de vivir con las consecuencias de una mala decisión.

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